Españoles ilustres: Francisco de Goya

La familia de Carlos IV
La familia de Carlos IV

El 30 de marzo de 1746 nacía en la provincia de Zaragoza Francisco de Goya y Lucientes, uno de los tres grandes pintores de la historia de España, junto con Diego Velázquez y Pablo Picasso.

Durante su larga carrera artística, Goya pintó una enorme cantidad de obras (alrededor de 700 pinturas, 280 aguafuertes y unos mil dibujos), en las que trató temáticas muy diferentes, como escenas populares, retratos, pinturas religiosas, episodios históricos, etc. También trabajó en varios formatos, como cartones para tapices, pintura de caballete, murales, grabados y dibujos.

Sus obras muestran una lenta pero continua evolución de su arte desde las corrientes predominantes en su época, el barroco tardío y el rococó, hasta desarrollar un nuevo estilo único y personal, que le ha llevado a ser considerado como el primer pintor moderno de la historia ya que muchos de los movimientos pictóricos posteriores se inspiraron en su trabajo, como el impresionismo, el expresionismo y el surrealismo.

Las pinturas de Goya reflejan la época en la que vivió, un periodo de cambios en España desde la tranquila vida del siglo XVIII, con una clara separación entre las clases privilegiadas y el resto de la población, hasta las crisis del siglo XIX, con las clases medias reclamando más derechos. Precisamente ese pueblo fue una de sus principales inspiraciones a lo largo de toda su carrera, en la que mostró su alegría y su dolor, sus costumbres y sus defectos.

Francisco de Goya nació en Fuendetodos, un pequeño pueblo cerca de Zaragoza. Su padre era maestro dorador y le animó a entrar a los 13 años en una academia de dibujo, donde se formó durante varios años. En 1770 viajó a Italia para estudiar a los maestros italianos de la pintura y de regreso a su tierra natal recibió diversos encargos de temática religiosa.

En 1773 se casó con Josefa Bayeu, hermana de dos importantes pintores de la corte. El matrimonio tuvo ocho hijos, pero todos ellos murieron al nacer o siendo muy niños, salvo el último, Javier, nacido en 1784.

Gracias a las recomendaciones de sus cuñados, Goya consiguió en 1775 trabajo en Madrid como pintor de cartones para la real fábrica de tapices, labor que ejerció hasta 1791. En sus primeros cartones reflejó lo popular bajo una visión convencional e idealizada. A mediados de los 80, la alternó con otra menos festiva, con tonos fríos y sombríos, y en los últimos que realizó entre 1791 y 1792 mostró una visión más crítica de lo popular.

Autorretrato de Goya
Autorretrato de Goya

Al margen de este trabajo, en 1780 consiguió convertirse en académico de San Fernando, lo que le permitió obtener trabajos para decorar iglesias y hacer retratos de nobles como los duques de Osuna y Medinaceli.

Gracias a su habilidad como retratista, en 1785 fue nombrado pintor del rey Carlos III y en 1789 pintor de la cámara del rey Carlos IV, es decir, encargado de hacer los retratos oficiales de la familia real.

En 1792, durante un viaje a Cádiz, sufrió una grave enfermedad que lo dejó sordo. Eso le aisló del mundo y ensombreció su carácter, llevándole a una pintura más creativa y dramática, en la que mostró sus miedos y su visión crítica del mundo en el que vivía.

En esa época Goya empezó a pintar su primera gran serie de grabados, Los Caprichos, 84 aguafuertes en los que satirizó los vicios, las supersticiones y las locuras de la sociedad española de finales del siglo XVIII.

En 1794 el pintor reanudó sus retratos de la familia real y de destacados personajes de la sociedad, en los que trataba de plasmar los rasgos psicológicos de los retratados y los mostraba sin la idealización habitual, con realismo y en ocasiones con una mirada crítica.

Algunos de sus retratos más importantes son los de La duquesa de Alba, La familia de Carlos IV y Las Majas, dos cuadros del mismo tamaño que muestran a la misma mujer en idéntica postura, en un caso vestida y en otro desnuda. Este último provocó un gran escándalo y llevó a Goya a declarar ante la Inquisición.

La maja desnuda
La maja desnuda

El pintor también realizó en estos años los frescos de la ermita de San Antonio de la Florida, de gran riqueza cromática y habilidad compositiva.

La invasión de España por parte de las tropas francesas de Napoleón y la posterior Guerra de la Independencia de 1808 intensificó el carácter pesimista y crítico de Goya, que mostró su repulsa al horror y la sinrazón de la violencia a través de dos grandes cuadros y una serie de grabados.

En El 2 de mayo de 1808 en Madrid (La lucha con los mamelucos) y El tres de mayo de 1808 (Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío) recreó dos escenas reales de la guerra, en las que no pintó héroes, sino que se centró en el sufrimiento de las víctimas, del pueblo anónimo de Madrid resistiendo ante los franceses.

Lo mismo sucede con su serie de 82 grabados Los desastres de la guerra, en los que el artista criticó la despiadada brutalidad de la guerra, que para él no era una lucha entre dos frentes, sino un ejemplo de la violencia, la crueldad y la miseria humana. Para darle dramatismo a las escenas, utilizó el contraste entre la iluminación blanca y distintas intensidades de negro.

En 1812 murió su esposa Josefa, pero antes de su fallecimiento ya mantenía relaciones con la criada Leocadia Zorrilla de Weiss, 35 años más joven que él y que le acompañaría hasta su muerte.

Tras la guerra, el rey Fernando VII repuso a Goya en su puesto de pintor de cámara a pesar de haber sido retratista de José I, hermano de Napoleón. Sin embargo, el pintor no aprobaba los excesos del absolutismo y poco a poco fue reduciendo sus encargos oficiales.

El sueño de la razón produce monstruos (Los Caprichos)
El sueño de la razón produce monstruos (Los Caprichos)

Al mismo tiempo, en 1815 empezó dos nuevas series de grabados: La Tauromaquia, con 33 estampas sobre la historia del toreo y las hazañas de toreros contemporáneos, y Los disparates, 22 escenas centradas en la violencia, la noche, el sexo, el carnaval y lo grotesco, que reflejan su vertiente más pesimista y crítica.

En 1819 Goya pintó sus composiciones religiosas más conmovedorasLa última comunión de San José de Calasanz y Cristo en el monte de los Olivos.

Ese mismo año, cansado y decepcionado por la persecución de los liberales por Fernando VII, el pintor compró una finca en las proximidades de Madrid, la llamada Quinta del Sordo, y se refugió allí, dando rienda suelta a sus monstruos interiores. Entre 1820 y 1823 decoró las paredes de su casa con 14 obras murales, denominadas las Pinturas negras, en las que, a través de tonos negros, marrones y grises, muestra escenas dominadas por la violencia y la maldad, con paisajes desolados, brujas, peleas, etc.

La opresiva situación política de España llevó a Goya a exiliarse a Burdeos (Francia) en 1824. En esta última época retrató a la gente de su entorno y realizó la sorprendente La lechera de Burdeos, en la que el artista parecía haber recuperado el gusto por la luz, el color y la belleza de la pintura.

Francisco de Goya murió en Burdeos el 16 de abril de 1828, a los 82 años.

La mayor parte de sus obras se conservan en el Museo del Prado de Madrid, aunque también pueden verse cuadros suyos en diversos museos del mundo, sobre todo retratos.

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